lunes, 23 de octubre de 2017

Catalunya, la lucha de la vida no se acaba nunca

Menos la grotesca unidad de la Derecha para la aplicación de su bestialidad, todas las otras unidades parecen arrebatarle su típico individualismo y apropiarse de una estancia en la más extraña soledad con todas las posibles peleas y disensos en su defensa de una Libertad, una Ley, una Democracia, un Estado de Derecho y una Convivencia Social que no sean los valores humanos interpretados por la Derecha a sangre y fuego. La Izquierda padece mientras las nubes del día y el calor del sol parecen rogar a los pueblos que permanezcan tranquilos, humillados y derrotados, porque ese es el paisaje que la inhumanidad quiere para la humanidad. Pero todos sabemos que el sabor de la vida no se siente solo en la temeridad de un día, sino en toda la sabiduría que nuestra unidad puede enriquecerse con la convicción de las razones para vivir todos los días.

Ante las draconianas medidas propuestas por el gobierno español para ahogar el movimiento independentista catalán, un célebre futbolista expresa que “es un día triste para Europa, para el mundo y para la democracia”. Es evidente que estaba pensando en su tragedia, como seguramente defenderán muchos, pero cuando la vida se está forjando de manera tan global solo cabe pensar globalmente si queremos alcanzar soluciones reales y duraderas. Vivimos tantos días donde la represión y la humillación son el pan nuestro de la inmensa mayoría de la humanidad que nadie en España, aún en las radicales diferencias de la fuerza bruta del PP, el seguidismo de C´s, la estrategia del PSOE, la astucia de Artur Mas, el ADN negociador de Puigdemont, la República de ERC, la esperanza de Podemos y la ilusión de la CUP, podrá eliminar si no se van transformando un Orden Mundial y una Cultura de la Indignidad que puede asfixiarnos a todos.

Claman por nosotros la miseria y el saqueo impuestos a millones de personas junto a las guerras imperialistas en Afganistán, Irak, Libia Siria y Yemen que han generado una ola inmensa de refugiados en el horror de sus interminables días. Claman por nosotros la estrangulación del pueblo palestino, la angustiosa resistencia del solidario pueblo cubano y el esperanzado pueblo de Venezuela acosado por la guerra económica y mediática del mundo avaricioso. Y aún son muchos más los que viven días largamente tristes entre los que no podemos olvidar a los que claman en nuestra propia casa y que prácticamente se están quedando en el abismo del desempleo, de los desahucios, del aumento de la desigualdad y la pobreza muy cerca de un insultante glamour por una corrupción política y económica absolutamente aberrante. Es ya demasiado el dolor y la muerte de los más débiles que son una realidad diaria en Catalunya, en España, en Europa y en el mundo.

No nos engañemos: solo en la más profunda convicción de la unidad con los problemas del mundo podremos vencer a los días más tristes de la vida. No puede aceptarse ni la represión ni la humillación del movimiento independentista catalán porque en él, además de su legitimidad y como en toda reivindicación con sus excesos, se adhirieron las luchas de muchos de los mejores hombres y mujeres de Catalunya que siempre han clamado por la dignidad del mundo. Los pueblos no aceptarán jamás que la represión y la humillación sean, según las Constituciones, las Leyes, la Libertad, la Democracia, el Estado de Derecho y el Individualismo reinante en sus países, el miedo que les impida luchar sin fecha de caducidad por la unidad que puede otorgarles la victoria sobre la brutalidad del mundo. Esto es lo que nos demanda el corazón y la razón del más ferviente curso de la historia con la dignidad de las auténticas luchas populares.

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